8/1/09

Feria del libro 2009

Hoy no tenía ganas de salir, el sólo hecho de tener que aguantar los rayos solares del atardecer desde el colectivo me quitaba toda gana de ir al centro de la ciudad, además en una tarde y sola que atractivo podría encontrar si a pesar de ser verano aún la ciudad se encuentra en un silencio total.

En fin tenía que ir, ya que útiles personales de toda mujer son indispensables para el diario quehacer de una, es por eso que después de comprar en unas de las farmacias de la calle Picarte, me encaminé por Camilo Henríquez rumbo a mi lugar de trabajo, pero no contaba encontrarme con una sorpresa.

De pronto mis pies se pegan al suelo y caigo como un pez frente al anzuelo cuando me encuentro con mis mejores amigos; esos que me acompañan en las noches de ocio, o los que me quitan las preocupaciones diarias o alguna pena: Los Libros.

En el paseo al lado del Banco Estado hay una feria del libro que estará abierta hasta el 16 de enero, y que recibirá a su público desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche.
Es pequeña, con cinco o seis puestos, pero con una variedad de libros que invitaban a hojearlos uno por uno. Se ven autores conocidos como el pensador Carl Marx, o algunas joyitas como una antología a los poetas malditos como Rimbaud o una selección de cuentos de Julio Cortazar; clásicos de la literatura occidental como Los Miserables de Víctor Hugo o Drácula de Bram Stoker.

Mario, un muchacho muy amable me atiende cuando empiezo a hojearlos y los miro con cariño, mientras le consulto por las Condesas de la GESTAPO que hace unos meses me quita el sueño, lamentablemente no lo tiene lo cual deduzco que es por su edición tan temprana (2008) y por su aún alto costo económico, imposible para mí por el momento.

En una amena conversación me cuenta que lo que más se ha vendido en estos días son libros de filosofía; todos los libros de Nietzsche se han vendido como pan caliente y los libros de Marx van en segundo lugar.

Sigo mi paso por la feria y me logro enamorar de un rincón pequeño, sin vendedor, tiene libros como mil lucha de Hitler, “Patagonia” que cuenta la historia de un nazi escapado de Alemania, que a mi vergüenza encontró refugio en el sur de Chile (doy unos cuantos suspiros por no poder llevármelo).

Prefiero seguir caminando y alejarme rápido del rinconcito soñado por “Patagonia” que ya deseo devorármelo y que me deja un sabor amargo por no irse en mi bolso. Llegó al puesto de Juan Ángel, un hombre de lentes y con un poco de invierno en sus rulos.

Con su acento argentino me cuenta que los libros que más se venden son los de esoterismo y de autoayuda como el Secreto de Brenda Barnaby y de hierbas medicinales; los libros de lectura obligatoria que pide el Ministerio de Educación, el Perfume de Patrick Süskind, el Código Da Vinci de Dar Brow y todo material relacionado con este último libro como algunos relacionados con el papel de la iglesia católica o de la orden de Los Templarios. También uno de los libros más solicitados es “Crepúsculo” de Stephenie Meyer, lo que es producto del best seller que se está exhibiendo en el cine Movieland del mall Plaza de Los Ríos.

No me tiene que decir más para darme la triste impresión que los lectores de mi “culta” ciudad visitan la feria para preguntar más que nada por todo lo que sea un boom y que es comercialmente vendible y publicitado a más no poder.

Sigo caminando y me encuentro con un espacio de dedicado al tarot, la fabricación de velas, el arte del masaje, etc. Hay unos libritos que me llaman la atención como uno que hablaba sobre los métodos de estudios o la importancia de leer cuantos a los hijos por los valores que podemos transmitir y por la estimulación que podemos entregar a través de ellos, por mi instinto maternal y mi sed de conocimiento los hojeo pero me llevo una decepción: el de los métodos de estudios habla sólo superficialmente sobre ellos con una pobreza de información tremenda, y el de los cuentos a los niños sólo posee una compilación de relatos y unas citas que en vez de hablar de los beneficios de narrar y no leer cuentos ( que de lo que prometía a hablar en la tapa), sólo habla de citas de autoayuda. En fin todo un fiasco esta sección.

La ultima sección ni siquiera la miro, ya que para mí no es de libros si no de accesorios convertidos en libros; son libros diminutos donde puede estar Los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Neruda”, pero con una letra que se puede ver sólo con lupa. No me llega la novedad del formato, ya que ya los había visto en la Feria de Saval el año anterior y más que libros son accesorios pintorescos.

Es una pequeña feria que para mí empezó entretenida e interesante, pero que terminó siendo chiste al avanzar en sus puestos. Los puestos de Mario y Juan Angel eran interesantes, pero los últimos son para un bazar, además de haber mucho libro conocido como Sidarta, Colmillo Blanco; la metamorfosis de Kafka (no tengo nada en contra de este libro, es genial) etc. Libros que suele tener incluso aquel que sólo los luce de bonito.

Lo que me llama la atención que la gente busque tanto best seller, aunque independiente que sea una máquina publicitaria y lleve a las personas a leer no hay un interés por conocer temas históricos, o de consumir literatura clásica universal.

Al parecer, la población de la feria esta pobre de temas que cultiven al individuo, ya que se debe tratar de cultivar todas las aristas, y eso a mí me empobrece el alma, espero que esto sólo sea parte de ami apreciación subjetiva, ya que un libro es una ventana para conocer el mundo, no sólo un producto prostituido por el mercado.

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